Pueblos Medievales de las Rutas del Vino de España (II)
Calles empedradas que conducen a un castillo en lo alto de una colina, edificios construidos con adobe y madera, antiguos monasterios y templos de arquitectura románica o gótica… La atracción que nos producen los lugares donde aún se puede sentir el espíritu medieval es enorme. En las Rutas del Vino de España podréis encontrar numerosos ejemplos de estos entornos. Continuamos el recorrido que empezamos en uno de nuestros pasados artículos por los pueblos medievales en los territorios de las Rutas del Vino de España.
Mahamud, en la Ruta del Vino Arlanza
No se sabe a ciencia cierta el origen de este pueblo de la provincia de Burgos que forma parte de la Ruta del Vino Arlanza, pero su nombre, de origen árabe, nos indica que la antigua villa se creó en el periodo de la repoblación de la Alta Edad Media. Tiene muy pocos habitantes y casi todos los edificios que conforman su fisonomía están hechos de ladrillo y adobe. Por eso llama la atención la enorme iglesia de San Miguel Arcángel, construida, esta sí, en piedra caliza, ampliada y remodelada a lo largo de los siglos. Su imagen, en un flanco de la plaza que guarda el rollo de justicia y un palacete de estilo gótico-renacentista, es la estampa más conocida del pueblo. En las calles encontraréis numerosos pozos que suministraban agua ante la falta de un río cercano.
Escalona, en la Ruta del Vino Méntrida-Toledo
Este otro pueblo, Escalona, sí cuenta con el río ausente en el destino anterior. Escalona, en la Ruta del Vino Méntrida-Toledo, está ubicada en lo alto de un promontorio junto al cauce del Alberche, afluente del Tajo, algo que ha definido desde siempre su carácter e historia. Tan decisivo y determinante como la presencia del río, fue su Castillo, mandado construir por Alfonso VI cuando conquistó estas tierras que formaban parte del reino árabe de Toledo. La fortaleza se convirtió en un punto clave de la defensa militar y después lo sería también para la política del reino: los cuatro señores que se sucedieron en su propiedad (el infante don Juan Manuel, don Álvaro de Luna y los dos primeros Marqueses de Villena y Duques de Escalona, Juan Pacheco y su hijo Diego López Pacheco) hicieron de este lugar la corte más asombrosa de Castilla donde se organizaban fiestas espectaculares llenas de lujo y ostentación, pero donde también se intrigaba, confabulaba y maquinaba todo tipo de planes para conseguir el mayor poder posible. Las calles de la villa guardan muchas más anécdotas, como ser el escenario de los últimos episodios del primer libro del Lazarillo de Tormes.

San Vicente de la Sonsierra, en la Ruta del Vino Rioja Alta
El siguiente destino es San Vicente de la Sonsierra, en la Ruta del Vino Rioja Alta. La silueta de este pequeño pueblo del norte de La Rioja es inconfundible, con la imagen de una iglesia con una torre y los restos de un castillo coronando una loma que se levanta junto al río Ebro. Aquí abajo, precisamente, puede empezar un recorrido por la localidad, visitando el puente medieval que se ha ido reformando a lo largo de los siglos. Una vez en el pueblo, las casonas y palacetes del siglo XVII y XVIII se alternan con otras de origen medieval, especialmente las que están dentro del Recinto Amurallado, que se puede recorrer siguiendo una ruta autoguiada mediante códigos QR.
Fuera del pueblo, pero en su término municipal, no hay que perderse el conjunto arqueológico de Santa María de la Piscina, formado por la pequeña ermita de Santa María de la Piscina (siglo XII), una excepcional muestra del románico puro en La Rioja, una necrópolis de repoblación (siglos X-XIV), un poblado con viviendas semirrupestres y restos de fortificaciones o atalayas (siglos X-XIV).

Alquézar, en la Ruta del Vino Somontano
Rodeado por el río Vero y el impresionante cañón que éste ha ido formando a lo largo del tiempo, Alquézar es uno de los pueblos más atractivos que podemos visitar en la Ruta del Vino Somontano.
Su caserío se extiende a los pies de un castillo de origen islámico que se convirtió en colegiata tras la reconquista cristiana. De esa antigua fortificación deriva, por cierto, el nombre del pueblo, que es la evolución de la palabra árabe al-qasr, que significa fortaleza.
En las calles de la villa encontraréis elementos de origen medieval como la portada gótica que da acceso al recinto urbano; los ‘callizos’, pasos cubiertos sobre las calles, que se construían para aprovechar el máximo el limitado espacio; las propia arquitectura de las casas, levantadas con piedra, ladrillo y tapial; y detalles como indicadores de antiguos oficios labrados en las fachadas u objetos del folclore basado en viejas creencias, como patas de jabalí clavadas en los dinteles de las puertas, que son un símbolo de protección.

Mogarraz, en la Ruta del Vino Sierra de Francia
Como muchos de los pueblos anclados en zonas de sierra o montaña, que han estado hasta hace relativamente poco tiempo bastante aislados, Mogarraz ha conservado tradiciones que vienen desde hace siglos. Entre esas tradiciones está la manera de construir las casas: en este pueblo de la Ruta del Vino Sierra de Francia es fácil transportarse hacia siglos pasados cuando paseamos por sus calles empedradas enmarcadas con casas de fachadas de piedra y tramoneras, paredes hechas con vigas de madera vista entre las que se inserta adobe, piedra o mortero de cal.
En esas fachadas encontraréis, eso sí, un elemento que, claramente, nada tiene que ver con lo medieval: se trata de retratos de personas pintados en planchas metálicas. Son las caras de antiguos habitantes del pueblo. Hay más de 800 pero todo empezó con 388, con el proyecto Retrata2-388, de Florencio Maíllo. Se basó en las fotografías que otro mogarreño, Alejandro Martín Criado, realizó en los años sesenta a sus convecinos para que pudieran hacerse el carné de identidad.
El monasterio cisterciense de Valbuena, del siglo XII, se convirtió hace unos años en uno de los hoteles-balneario más especiales de Valladolid, además de ser el primer balneario de cinco estrellas de Castilla y León. Recorrer sus instalaciones, comer en sus excelentes restaurantes o probar sus vinos son sólo la antesala de la experiencia que depara en su zona de bienestar con un circuito que incluye piscinas termales, baño turco, saunas y duchas de contrastes. En los espacios privados, se ofrecen asimismo tratamientos de vinoterapia que emplean los polifenoles de la uva para hidratar y rejuvenecer la piel. Sin duda, un balneario perfecto para desconectar rodeado de silencio y viñedos.

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